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El espíritu navideño en Provenza

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La época navideña en Provenza se extiende desde Santa Bárbara hasta la Candelaria, durante la cual una sucesión de tradiciones, fiestas, ritos y costumbres animan las ciudades y los pueblos. «Bòn Nové»: ¡ así es como se dice «Feliz Navidad» aquí, en Provenza!

Santa Bárbara  Sembrar las promesas de la cosecha

Las calendas de Navidad comienzan el 4 de diciembre, el día de Santa Bárbara. Ese día, se siembran unos cuantos granos de trigo en varios platillos, sobre una capa de musgo fresco.

Durante los 20 días que separan Santa Bárbara de la Navidad, esas semillas se convertirán en bonitos brotes verdes, presagio de las futuras cosechas.

El 25 de diciembre, si los granos han germinado bien, se dice que la cosecha será buena. El platillo más bonito se colocará en la mesa de Navidad, y los demás irán al belén, entre las rocas y los matorrales.

La Sainte-Luce  Alejar el invierno

La Santa Lucía, que se celebra el 13 de diciembre, conmemora el primer destello del invierno. La llegada del invierno se anuncia con la recolección del muérdago y el acebo, que deben su carácter sagrado a antiguas creencias precristianas.

El muérdago, para los druidas, tenía un poder milagroso; se cuelga antes de Navidad sobre las puertas como símbolo de paz y benevolencia. El acebo tiene un fuerte significado espiritual: representa la zarza ardiente de Moisés y la corona de espinas de Cristo. Se le atribuye un poder contra la brujería.

La llegada del invierno anuncia el frío, lo que da lugar a todo tipo de supersticiones. En la festividad de Santa Lucía, encender luces (velas, farolillos…) en la ventana es una forma de conjurar los males del invierno.

El belén y las figuras del belén  Un patrimonio vivo

Una vez pasada la festividad de Santa Bárbara, ya se puede «montar el belén». Se trata de un momento importante en la vida familiar de la Provenza, ya que los santones se transmiten de padres a hijos.

El origen del belén es muy antiguo. Se atribuye su invención a San Francisco de Asís, quien hizo representar en un establo abandonado la escena de la Natividad con personajes y animales vivos. Con la Revolución, surgió la costumbre de montar un belén en cada hogar y esta hermosa tradición provenzal no tardó en extenderse por todas las regiones de Francia.

El belén auténtico es, de hecho, una representación ideal del pueblo provenzal, donde cada uno tiene su lugar, incluidos los animales. La escenografía es una proyección, en dos partes, de la vida comunitaria con sus casas, su pozo, su horno, su molino, los pinos, los olivos… y un establo con el Niño Jesús, María, José, el asno y el buey, y la estrella que guiará a los Reyes Magos y a los aldeanos que acuden a visitarlos. El belén se «desmonta» el día de la Candelaria.

Pero el belén es, ante todo, el «santon»,el «santoun» en provenzal, que significa «pequeño santo»y que procede de un molde original que representa múltiples personajes populares provenzales.

Algunos personajes  con nombres evocadores

Roustido, la simpática burguesa con el paraguas rojo que sostiene su marido,
Bartomiou, un borracho incorregible, con un gorro largo de algodón en la cabeza, que le ofrece al Niño Jesús un bacalao plano y seco,
Pistachié, el grandullón desgarbado que conduce un burro cargado de sacos de trigo,
Lou Ravi, que levanta los brazos al cielo en señal de admiración,
El panaderoy su cesta de fougasses,
Y la vendedora de ajo, la pescadera, los mozos de la granjaque llevan la linterna,el pescador consu red al hombro,los adoradores(personajes de rodillas)…

El «santon» es un fenómeno puramente provenzal que se integra plenamente en las tradiciones de las fiestas de Navidad. Ingenuas y divertidas, familiares pero dignas, estas pequeñas figuritas llevan mucho tiempo haciendo las delicias de los niños de Provenza, antes de intrigar y, posteriormente, conmover a los adultos.